Con unas notas de música
Concurso literario ESO, IES Rei en Jaume
Una tarde de verano, estaban Luna e Iris, las dos hermanas. Vivían en un gran chalet, formado por una casa muy bonita y grande, y por un jardín enorme, lleno de árboles con frutas, repleto de flores, en las que Luna, la hermana pequeña solía jugar, flores y plantas de todas las formas y colores que podía imaginarse, en resumen, como un pequeño bosquecito, con muchos colores y… magia.
Una tarde de verano, estaban Luna e Iris, las dos hermanas. Vivían en un gran chalet, formado por una casa muy bonita y grande, y por un jardín enorme, lleno de árboles con frutas, repleto de flores, en las que Luna, la hermana pequeña solía jugar, flores y plantas de todas las formas y colores que podía imaginarse, en resumen, como un pequeño bosquecito, con muchos colores y… magia.
Luna, estaba fuera en su parte del jardín jugando como de costumbre, mientras su hermana Iris tocaba el piano y estudiaba. Luna, regaba las florecitas y las cuidaba, especialmente un tipo de flor de colores muy vivos y brillantes. Cuando, de pronto, sintió que alguna cosa se movía detrás de la flor, fue a verlo y de repente, le pareció ver algo que pasó rápidamente volando por encima de la flor, se dio un pequeño susto y fue a ver lo que era. ¡Era una mariposa!, tenía las alas enormes i era de todos los colores, Luna estaba contemplando la mariposa cuando su madre la llamó y le dijo que practicara el violín, que lo tocaba bastante bien, por cierto. Entonces la mariposa se fue volando y desapareció entre las ramas.
Mientras estaba tocando, aquella mariposa se asomó por la ventana de su habitación, entonces dejó de tocar y corrió a verla, pero se fue volando. Luna bajó las escaleras y se fue al jardín, allí se puso otra vez a jugar con las flores y, de repente, volvió a ver algo que se movía detrás de la flor, pero ésta vez, no era la mariposa. Apartó a un lado la florecita y vio a un hada. Luna se quedó asombrada, su madre siempre le cuenta cuentos de hadas para dormir, creía en ellas, pero nunca había visto ninguna. Era pequeñita y estaba asustada, pero no le dio tiempo a esconderse, ésta vez, Luna la cogió. Se la llevó a su habitación para verla, la dejó allí, estaba muy emocionada, pero debía continuar estudiando, así que la puso en una casita de muñecas que tenía. Mientras tocaba, otra criatura se elevó hasta su ventana hipnotizada por la música de la pequeña Luna. ¡Era otra hada!, que cuando vio a su pequeña amiga encerrada en la casita de muñecas fue a por ella. De repente, Luna dejó de tocar y las vio, no podía creer lo que veían sus ojos, se detuvo a mirarlas pero éstas, se escaparon volando por la ventana. Bajó corriendo las escaleras hasta llegar al jardín y todavía estaban allí. Mientras, su hermana mayor, pensó qué hacía su hermanita que no estaba estudiando y no paraba de subir y bajar las escaleras. Entonces salió también al jardín y se vio a su hermana correr entre los árboles del campo de su casa, parecía que iba detrás de algo y la siguió.
Luna, al ver las hadas volando entre los árboles, decidió seguirlas, mientras volaban, iban dejando destellos en el aire, como un rastro de purpurina flotante entre los árboles. De repente, las dos hadas se pararon en una especie de arbusto muy espeso, lleno de hojas y de flores muy bonitas. La verdad, es que no recordaba haberlo visto antes, no en ese lugar, se quedó un rato observando. Las hadas, un poco juguetonas las dos, murmuraban cuando una de ellas se metió entre las hojas de aquel gran arbusto, luego, la otra se giró hacia Luna, le guiñó un ojo y desapareció también a través del arbusto. Luna entró también dentro. Mientras tanto, su hermana la vio entrar, muy confusa hizo lo mismo, abrió los ojos y apareció en otro sitio, un lugar grande, pero a la vez pequeño, un lugar con mucha luz, era mágico, con árboles grandes y lleno de flores de todos los colores y por todas partes, el brillo del sol se reflejaba en las aguas cristalinas y transparentes de un lago que había cerca, y la luz del día tropezaba a veces con el pequeño brillo que dejaban las criaturas mágicas volando, en las alas de las hadas, especialmente las dos que Luna había seguido hasta llegar allí, a este lugar mágico, se dieron cuenta de que estaban en el país de las hadas.
Las dos hermanas se quedaron mirando después de un momento de confusión, Iris se paró a mirar a las hadas que sobrevolaban aquel lugar tan mágico. Luego miró a Luna asombrada y exclamó: ¡Son hadas!, entonces dijo a su hermana:
-Luna, ¿qué has hecho?
-Nada, solo seguir a las hadas.
Luego las dos hadas se fueron volando, Iris y Luna las siguieron. Aquel mundo era precioso, a medida que iban siguiendo a las hadas, toda clase de criaturas mágicas pasaba por allí, aunque no tenían muy buena cara, parecía que estaban preocupados por algo. Llegaron finalmente a un sitio lleno de casitas, de todas las formas y colores, todo parecía muy bonito, en ese sitio vivían la mayoría de las hadas y de otros seres mágicos muy semejantes. Una vez allí, las dos hadas se detuvieron, entonces la más mayor empezó a decirles:
-En este lugar llevan viviendo las hadas y otros seres mágicos desde siempre, nosotras las hadas, amamos las flores y la naturaleza, pero más aún, la música. Incluso nuestra querida reina Margarita, tiene el don de las flores y sobretodo de la música, cantaba y tocaba muy bien. Pero, al otro lado del Bosque Azucarado que es un bosque enorme que hay todo recto, cruzando el Río de Plata, vive un hada, la hermana de Margarita, pero ésta odia la música y por eso ha raptado a nuestra reina de las hadas. Ahora, ha desaparecido con ella la música. Entonces os oímos tocar y fuimos rápidamente para ver si nos podrías ayudar, encontrar a nuestra reina y devolvernos con ella, la música.
Iris y Luna se quedaron muy confusas, pero pensaron en las pobres hadas y decidieron ayudarlas. -¡De acuerdo! Intentaremos ayudaros- Una de las hadas les enseñó cómo podían llegar hasta allí. Y así hicieron. Atravesaron el Río de Plata, era brillante como la plata y, en él, se reflejaba perfectamente la luna por las noches. Lo cruzaron por un puente, atravesaron el Bosque Azucarado, llamado así porque en invierno, cuando nieva, los árboles están tan blancos que parecen de azúcar. Todo esto lo explicó el hada. Entonces Luna preguntó: -¿cómo la encontraremos?- y Iris dijo: -si es el hada de la música, la encontraremos con música, por eso las hadas nos han llamado hasta aquí.- Entonces, el hada que las acompañó hizo que aparecieran sus instrumentos y Luna empezó a tocar. De repente, entre unos árboles apareció una puerta. La abrieron y allí encontraron a la reina Margarita. Estaban muy contentas de haberla encontrado pero, apareció su hermana, que odiaba la música. Y empezaron a tocar, ésta vez, las dos. Luego la hermana malvada desapareció y se convirtió en un montón de notas musicales y de Claves de Sol, la Reina las recogió y todos regresaron con las demás hadas, dieron las gracias a Luna y a Iris. La reina también les agradeció muchísimo que la rescataran y que hubieran devuelto la música a las hadas. Para agradecérselo, la reina Margarita cogió dos ramitas y dos Claves de Sol de los restos de su hermana e hizo dos colgantes. Se los regaló a las dos hermanas, que habían salvado el país de las hadas. Con un poco de magia, regresaron al arbusto del jardín de su casa, les parecía que todo había sido un sueño, pero se pusieron las manos en el cuello y se notaron algo, muy mágico y musical, el colgante que les había regalado la reina de las hadas. Sonrieron la una a la otra y, rápidamente, volvieron a casa. Parecía que habían pasado mucho rato, pero cuando entraron en casa, su madre las llamó para comer, en la realidad no había pasado nada, pero… tenían el recuerdo de un buen día y su madre les preguntó: -¿de dónde habéis sacado ese colgante?- y ellas respondieron: -las hadas, mamá- y se rieron. Su madre las comprendió y ellas descubrieron que, gracias a la música, aquel mágico mundo, lo habían salvado.
Iris y Luna se quedaron muy confusas, pero pensaron en las pobres hadas y decidieron ayudarlas. -¡De acuerdo! Intentaremos ayudaros- Una de las hadas les enseñó cómo podían llegar hasta allí. Y así hicieron. Atravesaron el Río de Plata, era brillante como la plata y, en él, se reflejaba perfectamente la luna por las noches. Lo cruzaron por un puente, atravesaron el Bosque Azucarado, llamado así porque en invierno, cuando nieva, los árboles están tan blancos que parecen de azúcar. Todo esto lo explicó el hada. Entonces Luna preguntó: -¿cómo la encontraremos?- y Iris dijo: -si es el hada de la música, la encontraremos con música, por eso las hadas nos han llamado hasta aquí.- Entonces, el hada que las acompañó hizo que aparecieran sus instrumentos y Luna empezó a tocar. De repente, entre unos árboles apareció una puerta. La abrieron y allí encontraron a la reina Margarita. Estaban muy contentas de haberla encontrado pero, apareció su hermana, que odiaba la música. Y empezaron a tocar, ésta vez, las dos. Luego la hermana malvada desapareció y se convirtió en un montón de notas musicales y de Claves de Sol, la Reina las recogió y todos regresaron con las demás hadas, dieron las gracias a Luna y a Iris. La reina también les agradeció muchísimo que la rescataran y que hubieran devuelto la música a las hadas. Para agradecérselo, la reina Margarita cogió dos ramitas y dos Claves de Sol de los restos de su hermana e hizo dos colgantes. Se los regaló a las dos hermanas, que habían salvado el país de las hadas. Con un poco de magia, regresaron al arbusto del jardín de su casa, les parecía que todo había sido un sueño, pero se pusieron las manos en el cuello y se notaron algo, muy mágico y musical, el colgante que les había regalado la reina de las hadas. Sonrieron la una a la otra y, rápidamente, volvieron a casa. Parecía que habían pasado mucho rato, pero cuando entraron en casa, su madre las llamó para comer, en la realidad no había pasado nada, pero… tenían el recuerdo de un buen día y su madre les preguntó: -¿de dónde habéis sacado ese colgante?- y ellas respondieron: -las hadas, mamá- y se rieron. Su madre las comprendió y ellas descubrieron que, gracias a la música, aquel mágico mundo, lo habían salvado.
tan solo con unas notas de música...




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